Maria Giulia Alemanno y Gino Pellegrini. El grande éxito de dos artistas italianos en La Habana

Gino Pellegrini y Maria Giulia Alemanno en la Plaza Vieja de
La Habana el 6 de enero 2010 frente a Eleggua.
Foto:© Ivan Dell’Igna

ENTRE TIERRA Y CIELO

Dos artistas italianos muestran, con éxito, su obra en La Habana

Adonis Sánchez Cervera


Una memorable acción plástica realizada en la Plaza Vieja, del Casco Histórico de La Habana, por los artistas italianos Maria Giulia Alemanno y Gino Pellegrini reafirma los lazos culturales y de amistad entre Italia y Cuba.

Cinco orishas o divinidades del panteón afrocubano: Eleguá, Oshún, Changó, Yemayá y Obatalá, óleos sobre material plástico en grandes formatos, fueron expuestos en la Plaza Vieja como parte del performance “ENTRE TIERRA Y CIELO”, realizado por los artistas italianos Maria Giulia Alemanno y Gino Pellegrini, junto a las compañías danzarias cubanas Pinos Nuevos, Okantomí y Obbiní batá.

En la velada estuvo presente el embajador de Italia en Cuba y una representación del gobierno de la región del Piemonte italiano, quien junto a la Asociación Onlus Elegguá, Mielizia y Alce Nero y la contribución de OIKOS s.r.l. color design e restauri conservativi, apoyaron esta acción performática organizada por la Casa de África de la Oficina del Historiador de la Ciudad, de Cuba.

Entre tierra y cielo…” es “una Epifanía enigmática, un trance colectivo donde seconsume el deseo del regreso, la angustia del individuo fragmentado, dividido y separado de las sustancias que en sus orígenes lo componían” (…)juntos (Maria Giulia y Gino), allí en la Plaza Vieja, (…) en el carnaval santero, (…) en el Cabildo de los Reyes, apresarán los sueños en la madera, reunirán con los colores la tierra y el cielo, devolverán a los orishas el espacio para vivir muchas vidas y muchas muertes”, apuntó el crítico de arte Massimo Olivetti sobre este performance, como parte activa de él junto al fotorreportero Luciano Bovina, quien se encargó del testimonio documental.

La procesión de dos de los cabildos del Día de Reyes contagió un gran público hasta la emblemática Plaza -otrora escenario en los tiempos de la colonia donde los esclavos tenían en el 6 de enero, un día de asueto para sus carnavales y danzas-, y así conmemorar esta jornada al final del Taller Internacional de Antropología Social y Cultural Afroamericana.

Al ritmo de tambores, pitos, alegría, los marchantes coreaban estribillos de canciones populares; los zanqueros ataviados a la usanza de la etapa colonial; danzantes representando a los personajes del célebre grabado Día de Reyes de Patricio Landaluze –testimonio gráfico de esta celebración-. Los niños, disfrazados de las diferentes deidades del panteón yoruba, guiaron la muchedumbre enardecida por el repiquetear de los cueros hasta la Plaza Vieja, mientras frente a un gran panel de madera el artista y escenógrafo Gino Pellegrini recreaba con gran rapidez y destreza in situ, los elementos naturales: tierra, agua, viento y fuego, a la sombra de una Cuba entre nubes, idealizada, que reafirmarían las obras de Maria Giulia.

Gino Pellegrini es un artista fraguado en Hollywood –participó en producciones antológicas del cine norteamericano como 2001 Odisea del espacio, Mary Poppins, Hello Dolly, entre otras-. Radica en su natal Italia, en Emilia-Romaña, creador activo en proyectos de artes plásticas y escenografía en plazas y teatros: intervino en la plazoleta Betlemme/Belén de San Giovanni en Persiceto, la cual fue transformada en tres ocasiones con lecturas diferentes, en Anzola dell’Emilia en varios edificios públicos, provincia de Bolonia, en el reparto de la plazoleta Guareschi en Conselice, territorio de Ravenna, involucrando totalmente las superficies y a músicos y poetas.

La esencia de su trabajo es la comunicación interactiva con el público común, a través de su obra en pleno proceso creativo. Es un maestro de la técnica y la precisión; un hombre absorto en un mar de calma que, al preguntarle por La Habana en este su primer viaje, me aseguró haberle puesto esta ciudad, su imaginación en movimiento.

Hace mucho tiempo que trabajé la pintura y la escenografía en Hollywood. Era muy joven y vivía en los Estados Unidos. Fue un trabajo interesante relacionado con la creatividad, pero muy limitado. Como artista siempre me preocupó expresar mi identidad, por eso decidí volver a Italia y trabajar con los niños, en hospitales psiquiátricos, en los antiguos manicomios actualmente por suerte cerrados, hurgando en la memoria el dolor y la desesperación de esta gente; es un trabajo muy grande.”

Aunque no conocía profundamente los cultos sincréticos cubanos, apenas el candomblé de Brasil, para Gino la santería “es una expresión emocional y terapéutica, por eso me interesa mucho”.

Al ritmo de los tambores fueron descubiertas las obras de Maria Giulia. Los rostros de los orishas de esta artista, que ya ha expuesto en Cuba en otras ocasiones, expresan no solo el imaginario sino también la morfología de los cubanos –quizás un mapa antropológico de nuestra mulatez insular-; la saturación de los colores simbólicos sobre tonos tenues, reafirman un discurso que se desprende de lo figurativo para entregarnos a estos dioses según los ha imaginado en sueños. Aunque no ha abandonado la representación iconográfica, Maria Giulia cada vez enriquece más su obra con nuevos elementos fruto de los estudios sobre la mitología afrocubana y su especial relación con Cuba.

A la manera de un gran retablo de imágenes profanas en su medio natural, los creadores realizan un largo viaje hacia la semilla, a través no de los orishas que conformaron, según la liturgia yoruba el principio de la creación, sino de los que moldearon parte de la espiritualidad en la identidad de Cuba.

Elegguá-Echu, pequeña efigie sagrada que aparece casi en la totalidad de las casas cubanas custodiando las puertas y saludando o despidiendo a quienes entran en nuestro interior, muchacho que personifica las travesuras del destino; Changó, el escultor de la virilidad de los hombres, el fiestero por antonomasia; Oshún marca la feminidad, la maternidad y los embrujos del amor y la belleza de la mulata, en un sincretismo tan fuerte con la Virgen de la Caridad del Cobre que se funden casi en una sola entidad; Yemayá, como ese mar que rodea toda la isla de Cuba, madre universal, y por su centenaria relación con el pueblo ultramarino de Regla, orisha a la cual los viajeros le encomiendan su bendición para cruzar los mares por todas las vías posibles; y finalmente Obatalá dios-orisha andrógino, principio de la creación, pero que también ha ganado muchos adeptos entre los creyentes por su asociación con la paz, la sabiduría, el color blanco que purifica y la delicadeza de las palomas.

Los colores que hay aquí –asegura Maria Giulia-, son los que ahora me están inspirando. Yo siento que cambiaron mi pintura, la psicología de las personas de aquí y los colores de la naturaleza, y también de los edificios que son parte integrada de ella. La idea de trabajar con y para Latinoamérica era parte importante de mi vida; pintar para un mundo que me inspira.”

Merecedora de varios premios, periodista y editora de una revista cultural, Maria Giulia Alemanno ha expuesto en Italia, México, Argentina, Estados Unidos, Canadá y Cuba, donde ha mostrado su obra en los más importantes espacios culturales que abordan los cultos sincréticos: la Casa de África de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la Galería Concha Ferrant de Guanabacoa y la Galería Merceditas Valdés de la Asociación Yorubá de Cuba, y en otros como la Casa de la Obrapía, la sede la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) de Matanzas, la Casa Alejandro de Humboldt y el Taller de Papel Artesanal de la Oficina del Historiador.

Su gran sentido de pertenencia con la Isla, que la hace sentirse cubana, se refleja en la obra de Maria Giulia como la serie “Yemayá y sus siete caminos”. “A la ceremonia declausura –me comenta la artista- vino una señora con su propia vela, pidiéndome si podía prender la vela frente al cuadro de Yemayá. Eso creo que sea importante, casi filosóficamente porque pienso que la pintura, el arte en general, tiene que relacionarse más con la gente. En Europa se hacen eventos para intelectuales en galerías, que es muy diferente hacerlo para la gente. Y cuando una persona se relaciona de una manera tan importante con tu obra, porque decide que tu Yemayá le representa algo que ella tiene en el corazón, es muy significativo.

“Lo que está pasando con mi obra me parece bello y muy interesante, y es que pinturas mías de orishas que están en internet, las páginas cubanas las publican; en la revista La Jiribilla entre artistas cubanos hay una obra mía. Cada vez estas obras se van haciendo cubanas, eso me encanta.”

La jornada fue memorable, sobre todo al final, en la Casa de África cuando el Taller de Papel Artesanal le organizó un homenaje a esta artista como una consagración por su pertenencia a las raíces de la cultura y el arte cubanos, y que consistió en una pasarela inspirada en sus pinturas.

Podría catalogarse esta acción plástica realizada por artistas italianos en un espacio público cubano: sin precedentes, al menos en ese escenario y abordando un tema tan entroncado en nuestra nacionalidad, que Maria Giulia y Gino han recreado genuinamente. La respuesta estuvo en el pueblo asistente, creyentes o no, el cual agradeció el puente de música y colores tendido por los artistas, hacia el mundo de sus ancestros.

También en Cubhaora, revista informativa:

Cuba en Noticias (Cultura) – Dos artistas italianos muestran su


2 comments

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